viernes, 29 de agosto de 2008

Historia de una foto

Y de un lugar especial, donde sientes las vibraciones de lo que ha sido ... lo que és.Y yo en esa otra dimensión distinta , me quedaba escuchando el rumor de los cientos de historias , que habian pasado por allí. Esta me la encontré a los pocos dias de llegar de París ... y me acabé comprando las memorias de Silvia Beach. Mis pies aprendieron desde el primer dia , donde querian ir, por eso se dirigian a menudo sin preguntarme ,atravesando puentes, hacia la Rue Bucherie, muy cerca del río. No es la misma libreria que regentó Mademoiselle Silvia ,es la de Whitman, un comunista de la lost generation que invita a té los domingos.
Y por aquí pasaron Miller y Anaïs Nin y Lawrence Durrell y Burroughs, y Gregory Corso, que roba libros, y Kerouac, que ya estaba en camino. Pero, además, Sartre y Beauvoir y Breton, y otros muchos.Desde aquí se hicieron manifestaciones contra la guerra de Vietnam y René me contó lo de Tony Blair frente a la puerta tocando la guitarra en sus tiempos de bohemio. Y en ese lugar donde se citan todos los jóvenes estadounidenses de París, se dejan mensajes los viajeros enamorados, ahí , donde entras a comprar un libro y acabas conversando con alguien , no importa el idioma ...ahí... también estuvo Momo segura que no habria nigún hombre gris capaz de robarle ese momento.
Esta entrada está dedicada a un corazón medio irlandés
está dedicada a mi hermano
MADEMOISELLE SHAKESPEARE
Aquel día, un parisino que paseaba cerca de los Jardines de Luxemburgo se paró frente al número 12 de la Rue de'l Odéon. Vio colgado el retrato del bardo y un letrero en el que se podía leer: "Shakespeare and Company. Librería y biblioteca de préstamo". Cuando entró en la tienda de Sylvia Beach encontró a un joven con perilla, aunque sin gola al cuello, sentado detrás del mostrador. -"¿Es usted monsieur Shakespeare?"-"No. No soy monsieur Shakespeare. Sólo soy uno de la compañía" -Pero el retrato que está fuera, entonces... ¿Es del señor Company, no del señor Shakespeare? Incapaz de deshacer el entuerto, el hombre señaló a la mujer de ondulada melena castaña, chaqueta de terciopelo y ojos pardos y alegres, y se la presentó. -Ella es mademoiselle Shakespeare.
En aquellos días no había dinero para comprar libros. Hemingway, que era pobre y feliz en París, aunque no tanto como decía de ninguna de las dos cosas, los tomaba prestados de Shakespeare & Company, la librería y biblioteca circulante que una jovencita de Baltimore llamada Sylvia Beach abrió, en 1919, en el número 12 de la Rue de'l O'déon. "En una calle que el viento frío barría", escribió el joven Hem en París era una fiesta, la librería "era un lugar caldeado y alegre, con una gran estufa en invierno, mesas y estantes de libros, libros nuevos en los escaparates, y en las paredes fotos de escritores tanto muertos como vivos. Las fotos parecían todas instantáneas e incluso los escritores muertos parecían estar realmente en vida".

Pero Hemingway volvió. Y Paul Válery, André Gide, Larbaud y León Paul Fargue, curiosos por saber quien era la decidida chica norteamericana que se obsesionó con abrir una librería anglófona cuyo nombre se volvería mítico, aunque se le ocurrió en la cama. El "socio Bill", pensó, "se sentirá siempre predispuesto a entender mis ansias emprendedoras y, además, es un superventas". Así que encontró un local enfrente de la librería de su amiga Adrienne Monier, empapeló las paredes con tela de saco, hizo que un carpintero pusiera las estanterías y un amigo pintó un retrato del socio Bill que colgó sobre la puerta y le robaban cada vez que, por la noche, olvidaba descolgarlo. (...)

Salvar a Ulises

Y entonces llegó Joyce como solía hacerlo, dando vueltas a su bastón de fresno y con el sombrero echado hacia atrás. Cruzó la puerta, saludó a Sylvia, se sentó y suspiró: "Mi libro ya no saldrá jamás". Sylvia pensó que habría que hacer algo y así, de la noche a la mañana, se convirtió en la editora del escritor que más admiraba. Cuando en Estados Unidos un tribunal consideró Ulises "ininteligible" y "obsceno", ella utilizó hasta su último franco y lo editó. Su primer envío a Estados Unidos fue confiscado. Desde ese momento, para sus clientes extranjeros, disfrazó al señor Bloom bajó sobrecubiertas falsas de las obras completas de Shakespeare.

Hasta que un oficial alemán, en 1941, se encaprichó del ejemplar de Finnegan's Wake que estaba en el escaparate. Sylvia se negó a vendérselo, porque era el suyo, firmado por Joyce. El nazi la amenazó y dijo que volvería por él al día siguiente. Beach llamó a la compañía y entre todos tardaron menos de dos horas en desmontar las estanterías, esconder más de 5.000 volúmenes, tapar el letrero y descolgar al bardo de la gola al cuello. Al día siguiente, cuando el militar llegó, no quedaba rastro de la Shakespeare Sylvia Beach cerró su librería en 1941. Diez años después, un norteamericano llamado George Whitman (su padre se llamaba Walt, pero no era el poeta) abrió una librería en París. La llamó Shakespeare and Company porque quería, como hizo la dueña de la primera tienda, apoyar a losjóvenes que llegaban a París con ganas de escribir. Cuando tuvo una hija, la llamó Sylvia Beach.


Las memorias de Sylvia Beach

Historia en fotos



12 comentarios:

Voz Ruda dijo...

Es una historia maravillosa! y la has relatado tan bien, que padre que has estado ahí, que has respirado ese aire.
Gracias por compartirla :)
Un abrazo!

Lila dijo...

Preciosa historia, este es un blog estupendo, atractivo me gusta...

Volvere, un saludo...

I. Robledo dijo...

Muy bella historia, amiga, trasluce multitud de sentimientos para las personas que estamos "algo locas" con los libros.

Un abrazo, Momo

dintel dijo...

Uf, no veas cómo he disfrutado con la lectura de tu post. Gracias.

Sara Royo dijo...

Un precioso relato.
Saludos.

NáN dijo...

Memorable la historia y cómo la cuentas.

Te nombro oficialmente:

Husmeadora y Relatora de Historias que Animan a Seguir con Coraje en Este Mundo.

Tawaki dijo...

Uno, que lo desconoce todo, piensa en la cantidad de buenas historias que hacen cola, esperando que llegue alguien, las coja de la mano y las saque de la fila para mostrarlas al mundo.

Enhorabuena por la entrada.

Un beso.

toronterobull dijo...

Si algún día vuelvo a París esta será una visita obligada...
muy buen post!
un saludo

Anónimo dijo...

la historia es maravillosa pero las fotos no se quedan atrás perfecta conjugación la que has hecho he disfrutado mucho leyéndote
sonrisa...

libertad dijo...

Gracias por la historia. Preciosa.
Te enlazo, por fin! Perdona que no lo haya hecho antes...el tiempo...
Un beso fuerte!

Anónimo dijo...

DING DONG DING DONG
(Es una campana por si no habias caido) ¿ Donde carayo estás?

JUANAN URKIJO dijo...

Gracias por esas visitas de pulguita que salta por entre las palabras que aún no enmohecen... mientras haya quien aún las habite.

Y un beso, M.