Aquel día, un parisino que paseaba cerca de los Jardines de Luxemburgo se paró frente al número 12 de la Rue de'l Odéon. Vio colgado el retrato del bardo y un letrero en el que se podía leer: "Shakespeare and Company. Librería y biblioteca de préstamo". Cuando entró en la tienda de Sylvia Beach encontró a un joven con perilla, aunque sin gola al cuello, sentado detrás del mostrador. -"¿Es usted monsieur Shakespeare?"-"No. No soy monsieur Shakespeare. Sólo soy uno de la compañía" -Pero el retrato que está fuera, entonces... ¿Es del señor Company, no del señor Shakespeare? Incapaz de deshacer el entuerto, el hombre señaló a la mujer de ondulada melena castaña, chaqueta de terciopelo y ojos pardos y alegres, y se la presentó. -Ella es mademoiselle Shakespeare. Pero Hemingway volvió. Y Paul Válery, André Gide, Larbaud y León Paul Fargue, curiosos por saber quien era la decidida chica norteamericana que se obsesionó con abrir una librería anglófona cuyo nombre se volvería mítico, aunque se le ocurrió en la cama. El "socio Bill", pensó, "se sentirá siempre predispuesto a entender mis ansias emprendedoras y, además, es un superventas". Así que encontró un local enfrente de la librería de su amiga Adrienne Monier, empapeló las paredes con tela de saco, hizo que un carpintero pusiera las estanterías y un amigo pintó un retrato del socio Bill que colgó sobre la puerta y le robaban cada vez que, por la noche, olvidaba descolgarlo. (...)
Salvar a Ulises
Y entonces llegó Joyce como solía hacerlo, dando vueltas a su bastón de fresno y con el sombrero echado hacia atrás. Cruzó la puerta, saludó a Sylvia, se sentó y suspiró: "Mi libro ya no saldrá jamás". Sylvia pensó que habría que hacer algo y así, de la noche a la mañana, se convirtió en la editora del escritor que más admiraba. Cuando en Estados Unidos un tribunal consideró Ulises "ininteligible" y "obsceno", ella utilizó hasta su último franco y lo editó. Su primer envío a Estados Unidos fue confiscado. Desde ese momento, para sus clientes extranjeros, disfrazó al señor Bloom bajó sobrecubiertas falsas de las obras completas de Shakespeare.
Hasta que un oficial alemán, en 1941, se encaprichó del ejemplar de Finnegan's Wake que estaba en el escaparate. Sylvia se negó a vendérselo, porque era el suyo, firmado por Joyce. El nazi la amenazó y dijo que volvería por él al día siguiente. Beach llamó a la compañía y entre todos tardaron menos de dos horas en desmontar las estanterías, esconder más de 5.000 volúmenes, tapar el letrero y descolgar al bardo de la gola al cuello. Al día siguiente, cuando el militar llegó, no quedaba rastro de la Shakespeare
Sylvia Beach cerró su librería en 1941. Diez años después, un norteamericano llamado George Whitman (su padre se llamaba Walt, pero no era el poeta) abrió una librería en París. La llamó Shakespeare and Company porque quería, como hizo la dueña de la primera tienda, apoyar a losjóvenes que llegaban a París con ganas de escribir. Cuando tuvo una hija, la llamó Sylvia Beach.

12 comentarios:
Es una historia maravillosa! y la has relatado tan bien, que padre que has estado ahí, que has respirado ese aire.
Gracias por compartirla :)
Un abrazo!
Preciosa historia, este es un blog estupendo, atractivo me gusta...
Volvere, un saludo...
Muy bella historia, amiga, trasluce multitud de sentimientos para las personas que estamos "algo locas" con los libros.
Un abrazo, Momo
Uf, no veas cómo he disfrutado con la lectura de tu post. Gracias.
Un precioso relato.
Saludos.
Memorable la historia y cómo la cuentas.
Te nombro oficialmente:
Husmeadora y Relatora de Historias que Animan a Seguir con Coraje en Este Mundo.
Uno, que lo desconoce todo, piensa en la cantidad de buenas historias que hacen cola, esperando que llegue alguien, las coja de la mano y las saque de la fila para mostrarlas al mundo.
Enhorabuena por la entrada.
Un beso.
Si algún día vuelvo a París esta será una visita obligada...
muy buen post!
un saludo
la historia es maravillosa pero las fotos no se quedan atrás perfecta conjugación la que has hecho he disfrutado mucho leyéndote
sonrisa...
Gracias por la historia. Preciosa.
Te enlazo, por fin! Perdona que no lo haya hecho antes...el tiempo...
Un beso fuerte!
DING DONG DING DONG
(Es una campana por si no habias caido) ¿ Donde carayo estás?
Gracias por esas visitas de pulguita que salta por entre las palabras que aún no enmohecen... mientras haya quien aún las habite.
Y un beso, M.
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