martes, 16 de octubre de 2007

ROSAS ROJAS

La represión franquista dejó sucesos tan dramáticos que, lejos de perderse en el olvido, se han convertido en mito. Es el caso de trece chicas fusiladas en 1939 contra la tapia de un cementerio de Madrid simplemente por ser “rojas” siete de ellas, menores de edad. Sus nombres quedan hoy tatuados definitivamente en la Historia gracias a ‘Trece rosas rojas’ de Carlos Fonseca.
Trece mujeres rojas Trece rosas rojas’
Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brissac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente. Son las trece rosas que el periodista Carlos Fonseca homenajea, recordando el 5 de agosto de 1939 en que el castigo franquista se cobró la vida de estas mujeres, que ha agotado ya la primera edición. A pesar de que la resistencia republicana se encontraba prácticamente aniquilada, algunos grupos que no habían podido, o no había querido exiliarse, organizaron su última lucha en Madrid. Los golpistas, por su parte, iniciaron el asentamiento final mediante una selectiva serie de asesinatos y torturas. Entre los múltiples detenidos se encontraban ellas. Fonseca ofrece así una visión personal de la realidad de los perdedores, mientras rescata la situación social de este trágico episodio del Franquismo.
El dramatismo de esta narración se palpa especialmente en las cartas que las protagonistas enviaron desde prisión. Aunque el autor se ha valido también archivos y documentos familiares, militares o jurídicos, además del testimonio de personajes que compartieron la tragedia con algunas de las protagonistas.
Un último deseo
Es el caso de María del Carmen Cuesta, octogenaria y superviviente, que da su estremecedor testimonio para dar idea del calvario por el que muchos presos pasaron antes de ser fusilados: “Yo tenía 15 años cuando me detuvieron pero era valiente. Me llevaron junto a otras compañeras, entre las que estaba Virtudes, a la comisaría de Jorge Juan, donde estuvimos 10 ó 15 días. Nos interrogaban de madrugada para que no pudiésemos conciliar el sueño, y a los tres o cuatro días de estar allí empezamos a oír gritos estremecedores, espantosos, de compañeras que pasaban por los baños de agua fría, por las anillas eléctricas ». Las trece mujeres vivieron en el dolor hasta la madrugada del 5 de agosto, cuando fueron recogidas por un camión para ser llevadas hasta el paredón de la muerte. Fueron condenadas a la pena máxima por un Consejo de Guerra, acusadas por un delito de “adhesión a la rebelión”. Una de ellas, Julia Conesa Conesa, tuvo tiempo sin embargo, de escribir una carta a su familia, el que sería su último mensaje: “ Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie. Salgo sin llorar. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente. Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar”. Una carta que Julia concluye pidiendo un último deseo: “Que mi nombre no se borre en la historia”.
Angela López

Este entrada se la regalo mi amigo Nán

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Es oportuna la entrada, y la película, en los tiempos estos, en los que quienes habían celebrado a sus muertos, injustamente muertos por los crueles en tiempos de guerra, no lo justifico por ello, se niegan a que se conozca y celebre a los nuestros, 40, 50 o 60 años después.

Parece ser que ni siquiera en la guerra empataron, que la rabia de los desposeídos de la Historia no estuvo a la altura del odio de los que habían temido perder privilegios y posiciones; y desde el odio, y no desde la necesidad militar, actuaban. El otro día una carta de El País recordaba los centenares de asesinados republicanos del principio de la guerra en Mallorca, donde no se había dado violencia alguna de las izquierdas. Y recordaba la carta a un cura que ayudó a que no mataran a algunos y él fue, también, fusilado.

Pero si no justifico ninguna odiosa crueldad durante la guerra, aborrezco la inútil y negra violencia de la paz: cuando murieron más que en la guerra porque la crueldad, el odio y la mala sangre cubrieron el país de forma abrumadora al menos durante 7 u 8 años.

Fue la época en la que para los asientos en los transportes se distinguía entre los Caballeros Mutilados y los Cojos de Mierda, que no tenían derecho a que se les cediera el asiento, aunque les faltaran las dos piernas y se sostuvieran en muletas, si su CM no se acompañaba del distintivo nacional.

Dicen que todo está olvidado, cuando solo se ha recordado a los suyos. Pero no es cierto. Hay que identificar dónde están los restos, contar las historias de las torturas hasta la muerte, las rapadas fregando las escaleras de los vencidos por un salario de hambre.

La transición significó el reconocimiento de que los asesinos y torturadores no iban a ser juzgados.

La paz y el olvido exige la recuperación de la memoria. Saber a quiénes les hicieron qué. Si es posible, quiénes lo hicieron. Qué propiedades fueron robadas, aunque ya no sea posible la restauración: saberlo.

Entonces, los hijos de los hijos de los hijos podrán hablar de todos esto como de un asunto de la Historia. Algo terrible, pero con las manchas de la sangre borradas de la piel.

Gracias, navegante, por el regalo de promover la memoria.

momo dijo...

No sabes lo que me gusta que vengas a visitarme a mi orilla, un poco solitaria, porque de momento he decidido que así sea.
En ella hay silencio, pero no inmovilidad, es importante saber que no estoy hablando a solas, porque cuatro personas paseais a diario.
En éste momento, es lo que necesito, no más, para encontrar de nuevo mis palabras.
Las Rosas las tienes dedicadas.
Un abrazo.

I. Robledo dijo...

Para indicar que visite este "cuaderno" y sus contenidos "me llegan al alma".

La barbarie es posiblemente uno de los atributos de los humanos "que no tiene limites", puede alcanzar proporciones insospechadas.

Pueden los humanos cometer los mayores atropellos, las barbaridades mas gratuitas, y luego cenar muy tranquilamente.

En relacion con las "Trece rosas", el otro día, viendo un simple anuncio de la película en la televísión en el que se veía a las jovencitas alzando sus caras en la caja de un camión, hizo que a mi mujer y a mi se nos pusiera un nudo en la garganta.

Saludos en la distancia

momo dijo...

Antiqva ........
La magia existe, esta mañana estaba buscando cosas de Medina Azahara, y me encuentro con tu mensaje. yo viví en cordoba 4 años y pico.
Es la primera incursión que hago desde mi barca, y me alegro de haberme movido.
Un abrazo, VOY A DAR UN PASEO POR CORDOBA

I. Robledo dijo...

Momo: la verdad es que a veces las cosas parecen que vienen enlazadas, como los magos cuando empiezan a sacar cosas de los bolsillos.

Me conmuevo con el asunto de las ROSAS ROJAS y resulta que, de refilón, sale tu interes por Medina Azahara que, precisamente, es uno de los parajes que yo mas amo.

Córdoba es una ciudad especial, inundada de historia y de sueños, y para mi cuenta con dos lugares en los que esa magia del pasado se hace mas evidente, de un lado el despoblado de Medina Azahara (hoy magnifico Conjunto Arqueológico) y de otro, el Patio de los Naranjos de la Mezquita, en el uno espera que en cualquier momento aparezca paseando por alli, por ejemplo, don Pío Baroja, buscando inspiración para su "Feria de los Discretos" o Ibn Hazm, que sigue con pasión a una mujer con la que se ha cruzado...


En fín, cosas curiosas que se entrecruzan.

Un abrazo, y seguire leyéndote...

Anónimo dijo...

Triste historia esta de las 13 chicas olvidadas y muy triste también como amplios sectores de la sociedad intentan por todos los medios que se olviden sucesos como estos con la mezquina excusa de mirar hacía delante y no levantar viejas rencillas.

Afortunadamente existen hemerotecas, y actualmente todo tipo de documentos de audio y vídeo que nos recordarán dentro de muchos o pocos años lo que hoy esos sectores dicen (o decían)de acontecimientos mas cercanos, pero igual de tristes y dolorosos.

un saludo